martes 22 de noviembre de 2011

"El mejor homenaje, el cariño de mis alumnos", LUIS IRIZAR


Sentada en la biblioteca de la Taberna del Fotógrafo el día de mi cumpleaños junto a tres de los padres de la Nueva Cocina Vasca, (Luis, de pie, el segundo de la izquierda). Qué regalo me hizo Juan Pedro, conspirador gastronómico.
© Xavier Landa/gourmet-image


Luis, con 81 años, es hora de dejarles que te hagan homenajes. A veces, la envidia sólo nos permite reconocer los méritos de los que ya no pueden disfrutarlos. Sin embargo, en esta cocina tan revuelta hasta hace poco con polémicas de liderazgo, nunca he oído a nadie hablar mal de Luis Irizar. Y este es el pago que más agradece este "maestro de maestros" que -como bien decían ayer los cocineros del comité técnico de Gastronomika- se preocupó más por los demás que por autopromocionarse, teniendo como tenía motivos más que suficientes para haber brillado con luz propia, pionero en conseguir la estrella michelín en el firmamento de este lado de los Pirineos.
"Me conformo con el cariño de mis alumnos". Siempre modesto y generoso. El primero en compartir todo lo que sabía, en aquellos tiempos de oscurantismo en las cocinas; el primero en hacer las maletas para representar nuestra gastronomía al otro lado del océano. Arzak quería dedicarle cada calle de Donosti, "sin ti, no habríamos llegado a lo que somos. Este país te debe mucho". Y todos ellos lo saben, aunque su historia no trascienda al resto de los mortales.
Nosotros no podíamos ser menos, aplaudiendo en tu homenaje, "uno de los momentos más felices de mi vida" -dijiste- con toda la sala aplaudiendo sin parar. Tus mujeres, orgullosas de su marido y de su padre.
La emoción fue mútua. Y prepárate para los que aún están por venir, maestro.

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